El programa oficial del Vive Latino marcaba a las 9 de la noche una aparición del grupo regiomontano Plastilina Mosh, sin embargo, por imprevistos de último momento cancelaron su presentación. Buscando sustitutos, los organizadores eligieron a las Víctimas del Dr. Cerebro, quienes entre calacas, ataúdes, fenómenos y zombies, crearon el ambiente más tenebroso de la noche.
La legendaria agrupación mexiquense que lleva en sus hileras al Abulón en la voz, el Chipotle en el Sax, el Ranas en la guitarra, el Tuco en el bajo, Edson en la batería y Roy en la guitarra encendieron los ánimos del escenario azul en un set completamente de ultratumba.
Dedicada a las mujeres del lugar, “Muñeca” fue amenizada por dos diablillas que aprovechando el body-painting lucieron sus mejores atributos al desterrado público que con el paso de los minutos solo se incrementaba. La historia continua con la anécdota de “La Tamalera” melodía que narra la historia de “Doña Macabra” y el asesinato de su vecina, sin llegar a su final feliz, la historia fue interrumpida para jammear por unos minutos uno de los himnos más representativos del reggae, “Get Up, Stand Up”, original de Marley y llevada a las masas por The Wailers, otra de las bandas participantes en esta novena edición.
El saxofonista cuelga de sus hombros dos reflectores que hacen juego con la pintoresca ilumación traída del más allá, Abulón juega con el público y cimbra el Foro Sol de manera sincronizada a ritmo de “Celos”; ésta celebración del mal apenas va dando sus primeras patadas.
Uno de los momentos más enérgicos de la noche fue cuando interpretaron “Ella se Muere”, donde el Bastón, guitarrista original de la banda, regresó a hacer de la suyas con la irónica excusa de que Abulón lo había corrido al pedir un aumento de sueldo.
Pero sin duda la nostalgia se hizo presente en el momento que tocaron “Ya Tus Amigos”. La gente no dejaba de corear la canción, mientras que el coro de “Ya tus amigos me dijeron que quieres volver, y yo lo siento no va a ser” fue utilizado en un concurso en el que el bando derecho del público contra el izquierdo se desgarraban la garganta por hacer escuchar su grito al unisono.
No hubo un ganador como tal, fue un empate de euforia y cálida respuesta, que como premio pudieron ver llamas saliendo de la boca del saxofón del grupo.