La Barranca: tres momentos
Por Jesús Francisco Conde de Arriaga
A finales de 1994, y después de una historia que contiene dos grupos emblemáticos de la escena musical mexicana como La Suciedad de las Sirvientas Puercas y Sangre Azteka, José Manuel
Aguilera y Federico Fong se unen para dar vida y forma a varias de las canciones que Aguilera había escrito. Invitan al baterista Alfonso André para terminar de delinear el proyecto y en la semana santa de 95, terminan el que es considerado uno de los mejores discos del rock en español: El fuego de la noche. Así surgió un grupo qu
e con el paso de los años retoma fuerza en cada una de sus reinvenciones: La Barranca.
En este primer disco, aparte del trío que formalmente es La Barranca, se incluye la participación de dos músicos también reconocidos en el circuito rockero: Cecilia Toussaint y Cox Gaitán. La presentación del grupo se dio en el icónico Bar Mata. De aquí en adelante, se constituye un referente musical y cultural insoslayable tanto para músicos como para la audiencia.
El disco Tempestad, de 1997, carga el sonido de la banda hacia texturas obscuras y densas; atmósferas melancólicas pero agresivas. Un sonido peculiar y único que encuentra su desembocadura en Rueda de los tiempos de 1999. En este disco cuentan con la participación de Alex Otaola en la guitarra y las presentaciones en vivo incluyen a José María Arreola alternándose con André en la batería. Hasta aquí la primera invención.
Después de que Fong se fuera a vivir al extranjero y André siguiera el camino jaguar, La Barranca regresaría con una nueva alineación: Otaola
y José María ya como miembros y la inclusión de Alonso Arreola en el bajo. En esta segunda etapa, los disc
os Denzura (2002), Cielo Protector (2004) y El Fluir (2005) muestran un grupo unido por una idea musical orgánica y estrecha. Las presentaciones son cada vez más complejas y el sonido es ya inconfundible.
Ahora, con su tercera reinvención, Providencia, la alineación es la misma que la de 95. Fong, André y Aguilera regresan para seguir el camino de La Barranca, camino único, a veces indescifrable, pero siempre emotivo. En este camino, en cada una de sus paradas, convergen Borges y Hendrix, Kalenda Maya y la bacanora, Eliseo Diego y la política. La Barranca es un sendero con múltiples bifurcaciones, y, tal vez sea cierto, nadie puede salir de ella.
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