El Tri: Crónica de una firma de autógrafos Por Luis Jasso
Contrario a otro tipo de firmas en las que los tumultos evitan en gran medida la interacción entre el fan y el músico, el sábado 28 de junioEl Tri convivió con un contingente de seguidores. La idea era sencilla: cualquier persona que comprara su boleto para el concierto de aniversario del 12 de octubre en el Palacio de los Deportes, tendría la oportunidad de que Alejandro y Chela Lora, Lalo Chico y Óscar Zárate se lo firmaran. Ese sencillo detalle haría del boleto una pieza de colección. Con las nuevas tecnologías ya no es imposible conservar una entrada intacta. En lugar de cortarlos, los cuerpos de seguridad ahora escanean el código de barras y permiten que se puedan conservar en perfecto estado.
Y así, a las 12:30 en punto los cuatro músicos tomaron asiento y empezaron la convivencia. Fiel al estilo desenfadado del Tri, lo primero que brilló por su ausencia fueron las poses ridículas de estrella. Las personas pasaban de una en una y tenían tiempo suficiente para recibir una firma en el boleto, en sus chamarras, playeras, pantalones o donde se les ocurriera. Cualquiera que alguna vez fue fanático de una banda conoce el sentimiento previo a conocer a sus ídolos. Así, las caras de las personas variaban entre la incredulidad, la emoción y la tierna conmoción.
El primero en la mesa era Óscar. Saludó con atención a cada uno de los fieles para luego firmar con una pluma. Una persona del staff de los organizadores comentó: “Probamos de todo, el sharpie (el plumón clásico en las firmas de autógrafos) se puede correr y dañar el código de barras, por eso firmamos con pluma”.
Obviamente ese detalle no era significativo, pues la mayoría llevaba, además del boleto, el librillo de algún CD, ropa, agendas, cuadernos... Y gracias a la tecnología, ya fuera en celulares o camaritas portátiles, todos se llevaron una foto del recuerdo.
El segundo eslabón era el maestro Lalo Chico. Alegre y amable firmaba la orilla de cada boleto: “No se puede escribir sobre el texto”, aclaraba, mientras escribía como en la escuela, en escalerita. Afuera, el orden prevalecía. Cada persona se llevaba sus tres o cuatro minutos, pero quedaba claro para todos que era mejor esperar un poco y poder intercambiar una breve charla con la banda, que hacer las cosas a la manera tradicional: a las carreras, un solo artículo y sin chance de interacción.
Luego estaba sentada Chela. Atractiva como siempre, con enorme sonrisa dedicada a cada persona firmó todo lo que le pusieron en frente. Pero la labor de manager no la abandona nunca, y así, preparando la nueva versión de la página oficial de la bandase dio tiempo de fotografiar a varios fans en diversas situaciones. Ya fueran niños saludando a Óscar y Lalo, personas vestidas con playera de los Pumas o abrazos y felicitaciones con Alex, las imágenes ahí están para ser usadas, para que los fans tengan un rostro visible, para que la experiencia trascienda los límites de la memoria y queden representados por siempre en la red.
Al final estaba Alejandro. Playera de la Virgen, chamarra y pantalones de piel; lentes oscuros. Desde hace muchos años alude a una excelente técnica para salir siempre sonriente en las fotos. En el momento del clásico abrazo y antes del clic de la cámara hace alguna broma y logra la sonrisa de todos a su alrededor.
Un momento significativo fue cuando pasaron un par de chicas. Se notaba que hicieron un esfuerzo grande por no volverse locas, y cuando llegó el momento de la foto, las caras, las expresiones de asombro, gozo y admiración de ambas indicaban en buena medida lo que representa Alex en sus vidas, igual que en la de miles más. “No es más que una tocada más”, dice una de las rolas clásicas de El Tri. Y esta fue una mañana más, aunque un centenar de afortunados seguramente opinarán distinto. Para ellos fue una ocasión de placer, de conquista, de testimonio histórico, de convivencia sagrada.