Una década pasó y no se siente. Este 2008, el Festival Vive Latino cumple 10 años de haberse instaurado. Ya ni siquiera hace falta pensarlo como uno de los mejores o más importantes conciertos de su género en América Latina, algunos estarán de acuerdo, otros más pensarán que el colombiano Rock al Parque trasciende más... Al final del día lo que realmente cuenta es que las generaciones juveniles mexicanas de estos 10 años no se imaginan su vida sin su dosis de tolerancia, libertad y diversidad musical llamada Vive Latino.
El esfuerzo ha sido monumental. La maquinaria que se pone en movimiento para llevar a cabo un concierto masivo con capacidad para más de 60 mil personas, durante dos días, es impresionante. Detrás de cada Vive Latino hay cientos de historias de trabajo, dedicación, motivación y sensación de orgullo. Nada es fácil cuando se trata de coordinar a 56 bandas. Se debe tener en cuenta que varias de ellas vienen del extranjero, lo cual implica un manejo logístico que incluye desde hoteles y transportación hasta permisos migratorios y requerimientos técnicos.
Entonces es posible hacer un balance numérico del concierto. Ese detalle suele ser muy impresionante, pero se ha vuelto trillado. Finalmente no es importante saber cuántas bocinas, cuantos miles de metros de cables, cuántas consolas o cuántos micrófonos se requieren. Baste decir que la producción del Vive Latino acostumbra mudarse literalmente al Foro Sol dos semanas antes del fin de semana del festival para trabajar, en ocasiones de sol a sol, y dejar todo listo.
Cuando 56 bandas de media docena de países convergen en dos días de concierto, lo que menos abunda es el tiempo libre. Algunas áreas heroicas, pero poco reconocidas, mantienen bien aceitado el festival. Las cocinas trabajan día y noche para que los cientos de técnicos tengan desayuno, comida y cena disponibles. Parece superficial, pero cuando se debe estar al pendiente de las necesidades técnicas de 250 músicos en promedio, estar bien alimentado es vital.
Un festejo musical de ese tamaño requiere mucha paciencia y tesón. En su gran mayoría, las bandas y su gente hablan español, aunque cada quien con su particular acento. Así, el Vive Latino se transforma en un crisol donde es posible aprender una veintena de usos para un mismo término. Y el público, ese hermoso reflejo de pluralidad, se mueve entre los tres escenarios, programa en mano, esperando que los tiempos se cumplan. Es por eso que cada escenario tiene un contingente de personas dedicadas a él con tanto celo que parece una relación de amor. Cada uno tiene sus propios suministros de energía, cada uno su propio sistema de luces y sonido, cada uno su propio ritmo maratónico de subidas y bajadas.
Las bandas todas suelen colaborar sin mayores problemas, aunque cada una tiene sus requerimientos particulares, ese elemento que hace que sus seguidores los distingan de inmediato. Así, la cantidad de esquemas y mapas de colocación de instrumentos de cada quien equivale a una no tan breve biblioteca de ajustes y controles, de posiciones y especificaciones. En el Vive Latino no cabe la holgazanería, igual se debe procurar que suene perfecto una banda con 10 o 12 integrantes que una con dos o tres.
Vive Latino es algo mucho más grande que el mero nombre de un concierto. Es motivo suficiente para que la prensa de todo el continente e incluso de países poco probables para esta fiesta (como Indonesia) asista a cubrirlo.
Y luego cada Vive, como cariñosamente se le conoce en la calle, ha tenido su propia personalidad cada año. Todas las tribus urbanas convergen, pero cada edición destaca por diversos aspectos. En el área cultural se han visto performances, graffitis, tirolesas y exposiciones. Cada año se presentan un colectivo representativo del Tianguis Cultural del Chopo, una colección de sellos discográficos independientes y miles de personas de todo el país. En el escenario Argentina; en el Foro Sol el D.F., Jalisco, Tabasco, Michoacán, Morelos, Nuevo León y muchos más. En el escenario Jamaica; en la pista metaleros, punks, emos y urbanos. En el escenario México y en los corredores del Foro niños, adolescentes, adultos jóvenes y sus papás, sus tíos, sus primos.
El Vive Latino se mueve gracias al esfuerzo de mucha gente que al final encuentra su recompensa en los comentarios casuales del público, que suele agradecer con extrañas muestras de afecto la presencia poco probable de esa banda que él creía suya y de nadie más.
En el escenario Babasónicos, Los Auténticos Decadentes, La Maldita Vecindad, Bersuit, Los Straitjackets, Los Lobos, The Wailers, El Haragán y Cia, Botellita de Jerez, Ángeles del Infierno, Jarabe de Palo, La Habitación Roja, Víctimas del Doctor Cerebro, Los Tres, Caramelos de Cianuro y 42 bandas más. En el asfalto del Foro Sol tolerancia, convivencia, pasión, calor, magia, cultura, agua, cerveza, hamburguesas, fanzines, parches, delineador, botas, pantalones entubados, lenguaje de señas, pasión y mil cosas más.