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viernes, 01 de agosto de 2008
RESEÑA BLACK REBEL MOTORCICLE CLUBEl rock puro de Black Rebel Motorcycle Club
Por Carlos Ramón Morales




Un salón a medio lleno acaso agregó realce a un concierto –el de los Black Rebel Motorcycle Club–, al hacerlo un asunto de iniciados, de melómanos exigentes que no se dejan convencer con juegos de luces o videos o performances, que van tras la música de verdad y la encuentran en una propuesta sobria y, sin embargo, plena de energía. Porque esto es la banda de San Francisco, Black Rebel Motorcycle Club, quienes abrieron la Semana Independiente del Vive Cuervo Salón, el pasado jueves 30 de octubre.



 

Quienes pudieron escucharlos en el Vive Latino ya sabían cómo iba el ruido de este trío. Poco conocidos en México, bastó una presentación de 40 minutos en el coso de Mixihuca para que se fuera pasando la voz de su fuerza. Y después, todo ha sido cuestión de buscarlos en su MySpace, de rolar sus discos y sus canciones, para tener la certidumbre de encontrarnos frente a uno de los grupos más depurados e interesantes de estos tiempos.



 

Dos mil personas de chamarras y playeras negras llenaron el espacio de Lago Andrómaco desde las ocho de la noche. Escucharon sin mucha emoción a Los Weeds, quienes tampoco hicieron mucho por ganarse a los escuchas.



 

Hacia las nueve y media aparecieron Peter Hayes, Robert Levon Been y Leah Shapiro, con “666 Conducer”, rola de su último disco, Baby 81. A partir de ahí se fueron sucediendo las rolas de su hipnótico rock saturado, un poco My Bloody Valentine y otro poco The Jesus and Mary Chain. Hayes y Levon distribuyen la ostentación de las guitarras. A veces se apoyan de bajos eficientes que, sin embargo, están lejos de ser los protagonistas del concierto: el ruido de los motociclistas negros está basado en los riffs de sus guitarras, en la voz clara de Hayes y escurridiza de Levon Been. Detrás, Shapiro hace bien lo suyo, al sustituir a Nick Jago, el baterista original de la banda.



 

BRMC no se excede en discursos ni aspavientos escénicos; saben que su mejor oferta es musical y no escatiman en su derroche. Apenas terminan de interpretar “Berlin” cuando desafían las leyes antitabaco. Dos que tres tímidos escuchas los imitan y entre rola y rola se deja escuchar la leyenda urbana de que los pobres meseros vestidos de amarillo en la parte alta del salón, en realidad son tiras encubiertos que encarcelarán a todo fumador irresponsable. De ahí que se haga solidaria la técnica de esconder el cigarro tras las palmas de la mano y dejar que el humo pertenezca a la colectividad.



 

Se intenta el rave cuando tocan “Stop”, pero no trasciende demasiado; acaso la banda de abajo entiende que el sonido de la banda de arriba se da más para el coreo que para el baile. Eso no impide los saltos rítmicos, los aullidos que acompañan los delirios de las guitarras. El ambiente se distiende cuando el grupo interpreta rolas de Howl, su disco blues-folk de 2005. Peter Hayes se inventa su pequeña sección desconectada, en la que interpreta con melancolía “Complicated Situation”. Siguieron canciones del próximo disco, The Effect of 333, así como el regreso al rock puro de sus primeros discos.



 

La tocada se prolongó hacia más de dos horas. El cierre fue con “Spread Your Love”, blues potente que dejó a los asistentes con las ganas de verlos repetir actuaciones muy pronto. La euforia quedó en el aire y dejó listo el Vive Cuervo Salón para Los Auténticos Decadentes y el Ataque 77 que se presentarían la noche siguiente.



 


Tags:  Reporte VL Noticias El rock puro de Black Rebel Motorcycle Club



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