Los botellos antes del guacarrock Por Carlos Ramón Morales
Hocicón que es uno, estaba seguro de que en algún lugar había leído/escuchado que el primer toquín oficial de la Botellita de Jerez ocurrió en el patio de una secundaria por los rumbos de Taxqueña, con dos centenas de chamacos jariosos prendidísimos cabrón con esta insólita mezcla de aguacate con rock and roll, que transformaría al rock nacional. Pero todo fue empezar las pesquisas, la banda de los chochenteros se dedicó a revolver los rumores, asegurando que fue en un bar-café, en un hoyo fonqui y no faltó quien aludiendo a la etapa en que los botellos coquetearon con Tenebrisa, sugiriera que cantaron en las canchas de algún equipo de fut de los rumbos de Coapa, cuyo nombre más vale olvidar.
En la desesperación de las indagaciones terminé revisando las viejas publicaciones de La Mosca, en espera que en alguno de los “Diarios íntimos de un guacarróquer” de Armando Vega-Gil (alias el Cucurrucucú) se describiera con más pelos que señales la famosa tocada. Pero habrá ocurrido que en el número donde habla de tal gesta preferí comprar el Eres que mostraba las nuevas siliconas de la Pau, que no di con la misteriosa referencia. En cambio, en la edición de septiembre del 97 apareció un artículo donde Francisco Barrios, el Mastuerzo, hace referencias a los orígenes del trío charroquero. Cuenta que el caricaturista Ahumada los presentó, “Él fue quien enchufó (perdonando la expresión) a Sergio con Armando, Armando y yo ya nos habíamos cogido (¡ejem!) harto cariño de atrás tiempo en nuestras andanzas de ‘puñito venceremos’, de antropólogos (estudiosos de los antros), de musiquistas y teatradores callejeros, de concuños y hasta de hermanitos de leche. Desde el primer encuentro-ensayo fluyeron virus y bacterias en ese caldo de cultivo que más tarde se llamaría guacarrock.”
Pero el artículo también contaba que el trío botello ya llevaba camino andado cuando se conocieron; que cada uno, por su lado, había participado en proyectos musicales, aunque no exitosos: Sergio Arau en La ley de Herodes; Armando Vega-Gil en La Resurrección de Morrison y en Canek, y acaso más afortunado, Francisco Barrios en Los Nakos (con k, para hacerlo más naco). Este grupo, surgido durante el movimiento estudiantil de 1968 y liderado por Ismael Colmenares y Mayra Cebreros, le daban a la trova (lo que se llamaba canto nuevo) pero tuvo la virtud de no tomarse en serio y hacer rolas paródicas y albureras, como “Droga Cola” y “Las hermanas Granaditas”, donde ya pueden encontrarse antecedentes de lo que después harán los botellos. Barrios roló con ellos desde 1976 hasta 1984 que se convirtió en charrocanrol. Los Nakos sigue en activo y de vez en vez recibe el palomazo de su Mastuerzo pródigo.
Droga-Cola. Los Nakos 3:29 min.
Las hermanas Granaditas. Los Nakos 3:28 min.
Otra influencia que Botellita reconoce, sería el insólito grupo de los Tepetatles, donde participaron (¡agárrense!) Carlos Monsiváis, Chava Flores, Julián Bert, José Luis Cuevas y Alfonso Arau, padre del Uyuyuy (y director de Como agua para chocolate). Su disco Arau a Go Go, de 1965, hace crónicas folclóricas de la “Zona Rosa”, parodia el Nocturno a Rosario de Manuel Acuña en “Rockturno” e inventa superhéroes como “Tlalocman”. Este grupo será el antecedente más directo de Botellita de Jerez, y acaso el abuelo legítimo de todo el rock paródico y de tintes nacionalistas (Maldita Vecindad, Café Tacvba, Los Exquizitos, Panteón Rococó) que ahora escuchamos.
Rockturno. Los Tepetatles 3:06 min.
Tlalocman. Los Tepetatles2:33 min.
Por eso es que cuando los botellos se conocen, cuando se deja fluir la vibra paródica-folclórica-nacionalista-naco-es-chido, cada uno de ellos ya traía consigo el sustrato de al menos quince años de intentos a lo que ellos reinventarían y llamarían guacarrock. Justo entonces llega el año de 1983. Y el álbum morado: “Hey familia, guacarrock dedicado a La Chata y amigas que la acompañan”. El resto es historia.