| Crónicas VL08. Escenario Verde. I parte |
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| viernes, 30 de mayo de 2008 | |||||||||||
Las crónicas para el Escenario Verde están divididas en 4 artículos. Estás leyendo: Vive Latino 08: la banda se redefine. Continúa en: II.- Entre argentinos decadentes y ángeles caídos. III.- Domingo 25 de mayo: la leyenda de Los Lobos y la leyendita negra IV.- El largo camino para llegar a la Vecindad
Vive Latino 08: la banda se redefine
Por Carlos Ramón Morales ![]() En las gradas externas al Foro Sol hay mantas con frases harto reconocibles para la banda: Pachucos, cholos y chundos, Mátenme porque me muerto, Estando aquí no estoy, Esto es un asalto chido, Gran circo es esta ciudad. Esto sugiere al Foro Sol como la gran basílica del rock mexicano, pero también indica que éste ya tiene una historia capaz de generar mitologías, consignas, leyendas y puntos de quiebre. En este contexto se desarrolla el Vive Latino 08: reconociendo símbolos, destronando príncipes fatuos, intuyendo nuevas leyendas. Acá va la historia de cómo se articula el nuevo santuario. 24 de mayo: el desmadre No me gustaría estar en el lugar de quien abre un festival: abucheo seguro: Los Mentas, venezolanos, aceptan la faena y no les sale mal. Visten como meseros del Sanborns –pantalones negro y chaleco vino–, sus rolas van entre el rockabilly y el punk y cantos a la holgazanería y la fiesta: “Dios creó al hombre, éste a la cerveza, estar borracho es de naturaleza”, dicta su sabiduría y la raza aplaude. En la pantalla dividida (chidísima pero se veía todo de la mierda) aparecían sus videos, sobre todo el mundoporno.com. Al ritmo de su ruido, la banda se desamodorra y va preparándose para el desmadre que sigue. ![]() Y no hay mejor prendedora de desmadre que la organizada por los californianos punketos eskatosos de Reel Big Fish. Abren con “Sell Out” y la banda está más que lista para corresponder con el slam. Antes de iniciar los conciertos había dos misterios: para qué se vendía cerveza sin alcohol, y para qué regalaron ejemplares de la revista Picnic. Todo quedó claro cuando empezó el slam y los manteados: ¿cómo desperdiciar real big bear para aventarles a los voladores de mantas? Lo mismo con las revistas, que surcaron muy culturalmente el espacio a lo largo y ancho, mientras los empujones arreciaban cuando se reconocían dos que tres covers: el “Sandman” de los Metallica, la ochentera “Take on me” de A-ha y “Here I am” de AC/DC. La pregunta que seguía era si habría suficientes revistas para lanzar durante toda la jornada. Pero al parecer Picnic fue generosa con sus saldos: nunca dejaron de volar.
Six Millions Dollars Weirdo (6m$ Weirdo) tienen clarísimo de qué se trata su onda. Visten como superhéroes de un cómic que debería ser muy malo. Pero A-Boo es una cobra que hipnotiza a la banda, su palabra es ley y se sigue escrupulosamente: tocan “Acid Station” y piden que la banda brinque (y la banda brinca); tocan “Love Transmition” y pide que la banda se lance de izquierda a derecha de derecha a izquierda (y ahí va la banda de izquierda a derecha de derecha a izquierda); con “Sextermination” pidió que las muchachas nos complacieran mostrando sus pechos y no faltaron dos complacientes que causaron alaridos. En una última petición, hace que la banda lance los vasos de cerveza al escenario: los proyectiles caen sin descanso: ya hemos tomado demasiada cerveza. El grado etílico del respetable está en el nivel correcto para Los Straitjackets. Los trajes sobrios y las máscaras de luchador juegan estupendo con la ironía del sonido. Corrijo: el surf no es la ironía; la ironía la hace la banda cuando ha decidido convertir este género en el objeto del slam más salvaje. Aquí vale resaltar, conmovido hasta las lágrimas, la solidaridad existente en el público. Apenas a un par de iluminados se les ocurre arrancar las alfombras del escenario para mantear suicidas, las cerca de doscientas personas apretujadas en dos metros de manta se hacen a un lado y hasta colaboran en que se cumple el objetivo.
Los manteados se suceden sin descanso desde que tocan los Straitjackets y se mantienen cuando aparece Panteón Rococó. Más precisos: con Panteón Rococó culmina uno de los momentos más importantes del Festival. Es cierto que aún faltan tres bandas para que termine el día Verde, pero con los panteoneros y rolas como “La dosis perfecta”, “Vendedora de caricias”, “Estrella roja” o “Júrame”, se llega a la cumbre de la adrenalina que busca la banda. Acaso en lo que va de la jornada se configure lo que está ocurriendo en la mente de la Gran Tribu: el desenfado en las letras y lo frenético en los ritmos; la parodia vintage en los vestuarios y las consignas que se han vuelto implícitas en los juegos de máscaras. Es curioso que durante lo que va del día no hayan existido los panfletos. Rococó los inaugura, al invitar a punks y emos a la paz. Acaso sea la consigna más urgente en un público que ha sublimado la economía, la política, la falta de oportunidades, en un triste enfrentamiento de tribus. Pero los panteoneros saben de qué trata esta tarde: el espacio es de música, de baile. Y saben que ellos son la punta, el puente, entre lo contemporáneo y lo que ya empieza a ser nostalgia. Dejan el escenario demasiado caliente para Bersuit. Los argentinos saben que puede mantenerse con un ritmo más relajado…
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