Hace exactamente una década, algunas revistas estadounidenses especializadas en rock comenzaron a mirar más allá del Río Bravo. ¿La razón? Las bandas latinas de finales de los noventa acariciaban los oídos de una tribu, la del “otro lado”, que se negaba a desprenderse de sus raíces, costumbres y sonidos. Ya fuera por una distribución más efectiva de discos, por las tocadas —clandestinas o legales— o por los beneficios inmediatos de herramientas como Internet, los artistas latinos alternativos (“alterlatinos”, según se dijo entonces) y sus sedientos escuchas se confabularon para darle de una buena vez su lugar a un movimiento inevitable.
Han pasado 10 años, decíamos, desde que la publicación especializada Addicted to Noise hablara maravillas de Todos Tus Muertos, o de que Los Fabulosos Cadillacs, Maldita Vecindad, Aterciopelados y La Unión realizaran sus primeras giras dentro de Estados Unidos en condiciones aceptables. Diez años de que Newsweek “validara” el virus en su artículo “¿Se habla rock and roll? You will soon” –meses después, el mismo texto se publicaría en la versión en español del semanario con Café Tacuba en portada; incluso la prestigiada revista Spin le daría su propia lectura al asunto.
¿Nostalgia de un exilio colectivo que se llama comunidad latina? ¿Consumidores estadounidenses olvidándose de los Beastie Boys y entrándole a Molotov? Que los especialistas echen tinta. El caso es que, en la ahora lejana década de los noventa, una grieta por la cual pasar se abrió y algunos supieron capitalizar su deseo de escuchar voces, guitarras y tambores en una lengua diferente a la de Hendrix.
El inicio de una gran fiesta
En ese contexto, uno de los personajes clave para la difusión de la música alternativa latina en Estados Unidos fue Tomas Cookman. Melómano, manager y promotor que alguna vez albergó a Los Fabulosos Cadillacs en el living de su casa cuando la banda hizo su primera aparición en suelo norteamericano, Cookman supo concretar una idea que la daría un impulso definitorio a la promoción de los artistas de rock latino. En agosto de 2000 lanzó su apuesta, la Latin Alternative Music Conference (LAMC), suerte de encuentro-convención-fiesta que acaba de celebrar su octava edición, y que se ha realizado con éxito en Nueva York y Los Ángeles. Según el mismo Cookman, el propósito de la LAMC es “promocionar nuestra música y que cada persona que asiste, sea artista, empresario o que forme parte de alguna manera de esta industria, salga con nuevos proyectos, contactos e ideas que le ayuden a crecer y a expandir la música alternativa.”
Al lado de un staff que dirige junto a Josh Norek –también fundador de la LAMC y dueño de una agencia de publicidad especializada en rock latino—, Cookman ha diseñado un espacio que resulta indispensable para comprender y medir el estado de ese rock latino alternativo. Por ello, la LAMC es un referente obligado dentro del medio, al que se acercan las disqueras grandes, los sellos medianos y los pequeños; los promotores, músicos, programadores, periodistas y managers que buscan saber a qué están sonando los países de habla hispana. LAMC significa conectar con otros, intercambiar música, preguntarle a los conferencistas sobre diversos temas relacionados y aceptar o disentir con sus respuestas; generar ideas y conocer nuevas herramientas de promoción –la red y sus diversos formatos— y distribución para que la música sea y continúe adaptándose a las circunstancias de un mercado caprichoso y en movimiento constante.
Una bala que no se detiene Muchas cosas han sucedido desde agosto de 2000, cuando en el hotel Hilton de Nueva York se realizó la primera edición de la LAMC. En medio del bullicio y de las expectativas generadas por ese primer ejercicio, los asistentes se repartieron entre conferencias, discusiones y encuentros de pasillo para intercambiar música y tarjetas de presentación mientras maestros de la consola como John Ávila, Gustavo Santaolalla y Andrés Levin, o agrupaciones como Los Amigos Invisibles, Mártires del Compás, Illya Kuryaki, Aterciopelados y Julieta Venegas, desfilaban frente a una horda de medios que no daban crédito del poder de convocatoria de esta reunión en pleno verano neoyorquino. Se trató de un contingente de entusiastas e incrédulos que atestiguaron la existencia de un sonido alejado de los charts y los típicos canales de distribución. El mundo conoció el lado B de ese fenómeno que entonces recibió el nombre de boom latino, cuya punta de lanza fueron artistas de corte más pop –léase Ricky Martín y J.Lo.
Durante los últimos 9 años, por la LAMC han desfilado artistas disímiles y entrañables, grupos y solistas que han llevado a nuestro rock a territorios inexplorados. De manera aleatoria, y sin que medien fronteras, podemos mencionar las presentaciones de Ozomatli, Gustavo Cerati, Café Tacuba, Ely Guerra, Enrique Bunbury, Volumen Cero, La Mala Rodríguez, The Pinker Tones, Chetes, Calle 13, Manu Chao, Circo, Fabulosos Cadillacs, NORTEC, María Gabriela Epumer, Julieta Venegas, Pachá Massive, Panda, Zoé, Kinky, Liquits, Panteón Rococó, Fangoria, Amaral, Hip Hop Hoodios, Babasónicos, Catupecu Machu, Los Bunkers, Lucybell, Rabanes, La Barranca, Plastilina Mosh y Sargento García, entre muchos otros.
Y valga decir que en torno a la LAMC no nada más hay conferencias y posibilidades de firmar contratos de distribución o venta. Muchos antros, salas de conciertos y sitios de relevancia como el Prospect Park (Brooklyn) y el Central Park reciben a las bandas para exponer a los paseantes y entusiastas a la diversidad del género. También, publicaciones clave como La Banda Elástica realizan entregas de premios, shows acústicos y otros eventos que le dan sentido al espíritu de esta fiesta.
Así las cosas, a México le tocó ser anfitrión de la LAMC en septiembre de 2007. El Vive Cuervo Salón recibió a La Conferencia de Música Alternativa para que la idea de Cookman rompiera su frontera inicial y se internara en el origen de lo que le interesa promover. Aplaudimos esa visita a México y esta nueva edición que sucederá el próximo viernes 5 de septiembre, en el mismo lugar. Estamos seguros de que la segunda visita de la LAMC a México significará un punto de partida importante para quienes vivan la experiencia a la que nos invita esta celebración: construir nuevos puentes para que lo latino alternativo continúe infectando el mapa global.
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De esta manera podrás recoger tu gafete que te entregaremos en el Vive Cuervo Salón los días jueves 4 de septiembre de 10:00 a 19:00 hrs., y el viernes 5 de septiembre antes del evento, con el cual podrás asistir durante todo el día a todas las actividades.