1990, el año que el microbito de Fobia nos inoculó Por Carlos Ramón Morales
¿Por qué siempre que pienso en Fobia, pienso en una juguetería? ¿Será porque su primer disco abre con los sonidos de feria de “Los muñecos”? ¿O por qué con sus letras desenfadadas se apartaron de las consignas nacionalistas de los grupos de entonces (los Malditos contestatarios, los místicos Caifanes)? Pues su sonido, lúdico y burlón, se apartaba de la Trascendencia con la que otras bandas intentaban la Épica del Nuevo Rock Mexicano.
Los muñecos 3:10 min.
Había demasiados aires de trascendencia en 1990. El rock de la época iba por dos vertientes: el ochentero agonizante de las Buenas Conciencias, representado por el concierto de Roger Waters, The Wall, hecho sobre las ruinas del Muro de Berlín. Invitados como Scorpions, Cindy Lauper o Bryan Adams le otorgaban a la música rock un tono bien portado y mejor comercializado; como si el género musical hubiera llegado a su plenitud y por lo tanto no tuviera más motivos para protestar. Por suerte, en algún lugar de Seattle se ensayaba la desolación oculta tras el nuevo carnaval de la globalización. Grupos como Nirvana, Pearl Jam, Jane’s Adicction, preparaban discos y sonidos desencantados, propios de una generación noventera muy lanzada hacia la decadencia.
En México las cosas son más festivas: Caifanes está a punto de lanzar El Diablito, su segundo disco; Maldita Vecindad está a medio caballo entre su disco debut y El circo que saldrá un año después; se crean estímulos efímeros para el rock nacional, como el premio Sol de Neón, que intenta reconocer a las mejores bandas de cada año. Menos pretencioso y más efectivo, antros como LUCC, Rockotitlán, Tutti Fruti y Rock Stock van dando cuenta de las nuevas bandas, con propuestas que se presumen “típicamente mexicanas”.
El legendario Teatro Blanquita, famoso por sus elencos de música popular y cómicos de la vieja guardia, abre sus puertas a las expresiones roqueras. El primer concierto de rock lo da El Tri, le sigue Caifanes. El lema de cualquier grupo es hacer un rock que refleje las preocupacionesy los sonidos típicos de lo mexicano: es el momento de fusionar cumbias y guitarras eléctricas, boleros con percusiones pop, sonidos punketas con historias de chicas bandas con piel chichimeca.
Dios bendiga a los gusanos 4:01 min.
En medio de esta efervescencia, Fobia causa extrañeza con una propuesta rock pop que no quiere complicarse: Paco Huidobro y Leonardo de Lozanne, los cerebros grises de la banda, no quieren rendir cuentas al folclor y optan por la chacota y el erotismo. Fobia juega con muñecos perversos, se hacen los microbios para hurgar en los recovecos de las chicas y no fusionan trópicos ni rancheras, pero hacen su referencia desmadrosa a Plaza Sésamo y cantan que de saber que vendrías te tendría un pastel.
Una referencia más obliga a la extrañeza de Fobia, la galanura de Leonardo. El rock nacional, tan concentrado en privilegiar la propuesta sobre el look, no ha sido pródigo en imagen (acaso las matas de los Caifanes imitando a las de Soda que imitaban a las de Robert Smith); el reclamo hacia la gente bonita es que ésta se ha hecho de plástico y ropas apretadas; Leonardo no puede evitar que le duela la cara de ser tan guapo y aprovecha esta imagen para hacerse el galán que no se toma en serio; de ahí que Fobia se haya visto durante mucho tiempo como un grupo para chicas, si bien la banda masculina podía guardar el disco de Fobia en la parte trasera de sus anaqueles.
El primer disco de Fobia sitúa al grupo, de inmediato, en los lugares protagónicos del rock nacional. Este mismo año se integran a la caravana de la gira Rock de los 90, y tocan en Monterrey y Guadalajara junto con Caifares, Neón, Maldita Vecindad y Los Amantes de Lola. Pese al aparente candor de Fobia, la picardía de su canción “El Microbito” (haré una alberca en tu ombliguito/ pa´ meterme a nadar/ y si me voy más abajito/ nadie me sacará) obliga a la censura en el radio. Como siempre, esta censura otorga más fama a su primer sencillo. Y lo hace entrar por derecho propio a la historia del rock hecho en casa.