$alvando al mundo o la increíble y triste historia de un cándidorockero y el mundo desalmado Por Jesús Francisco Conde de Arriaga
De miércoles a sábado siempre es la misma rutina, Inocencio toma su guitarra Squire roja de maltratadísima madera y se enfila hacia el Scorpio’s. Con su mata larga, negra desaliñada, los pantalones de cuero ajustadísimos y unos lentes de mordelón,
se asienta en el escenario como perdonándole la vida al público. Su
instrumento cuelga perezoso del tahalí y sus dedos empiezan a pulsar
las cuerdas mientras empieza la letra: “Amor, amor, amor / quiero que
me vuelvan a mirar tus ojos / amor, amor, amor / quiero volver a besar
tus labios rojos”.
Pero sólo es de miércoles a sábado; los domingos, religiosamente, crudo o no, se reúne con otros tres hueseros para darle vida a su pasión: el ecometal. Y está orgulloso del nombre que le dio a su género. Desde sus días en la Voca 5 empezó a componer canciones sobre los perros callejeros y los niños de la calle, conforme los años pasaron, sus temas se volvieron más complejos: de la globalización al calentamiento global.
Pero mientras llega el último día de la semana, entre rola y rola, se imagina cantando como Bono en un estadio lleno, con monitores y toda la cosa, vestido como Mr. Macphisto y burlándose de Bush padre.
Claro, piensa Inocencio, yo me tendría que conformar con el botarate de su hijo. O tal vez llenaría sus conciertos en los estadios con volantes y logos de Amnistía Internacional o de Greenpeace, PETA o DATA, la organización que quiere acabar con la deuda del continente africano. Aunque nació a principio de los ochenta, hubiera querido estar en el Live Aid, rifándose un mano a mano con Carlos Santana y Pat Metheny en el estadio JFK de Filadelfia.
Ahora tiene que cambiarse a las maracas, viene una salsa, esta sí le late: “pasa y siéntate, tranquilízate, al fin ya estás aquí, qué más te da” La canta con sentimiento, ¡caray!, si los ecometaleros tienen su charanguero dentro.
Sí, sería cuate de Bob Geldof y de Lula, de Bachelet y de Cristina Kirchner. De vez en cuando se dejaría ver por Acapulco en un yate de Jaime Camil. Digo, una cosa es tener conciencia social y otra no poder disfrutar de unas champañas con sus amigos empresarios tercermundistas.
Y si no le llega al verdadero mainstream sería como Saúl. Ese sí es banda, se dice con convicción. “Nada más entra a la página de Jaguares y está llena de anuncios: de las muertas de Juárez, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y hasta una foto de la Yoko por el disco de Make some Noise, aunque la canción esté bien piñata y Lennon esté revolcándose en su tumba, todo es por Darfur, además está Green Day, The Flaming lips y Christina Aguilera. No es la lana, ni la publicidad, ni la promoción, es por una causa justa, hasta Avrile Lavigne está dándole en la mother a Imagine”, le repite a uno de los trompetistas mientras toman la primera cerveza del turno. “¿Dónde está Rafur,” le contesta el músico.
No le gustó mucho lo que hizo Jaguares con Maná, ¿unidos por la paz? La paz no se firma con canciones, además le pusieron una madriza a otra canción de Lennon: "Give peace a chance". “Ay sí, muy abrazaditos y bien que se rompieron la jeta el Saúl y el Fher”.Ese sí que no le late, el Fher de Maná, ni rockeros son, afirma. En un concierto al que llevó a una chiquita que nomás prendió el boiler y no se metió a bañar, Fher espetó con toda la sabiduría de un popero: “Este gobierno es legítimo”. “¿Legítimo?, yo no voté por nadie, nomás quiero que nadie se meta conmigo y se pongan todos a trabajar. Ese día me la pasé en el taller de mi jefe, chambeando. Además, ¿quién es él para meterse en asuntos tan espinosos?, es más complicado que eso.” Así terminó la cita de Inocencio; la chica no quiso saber nada más y ni a cenar fueron. Será para la otra.
Ya casi comienza su último turno, son las dos de la mañana y en las pantallas del lugar está, por cierto, el nuevo video de Maná. “Sí, todo es muy bonito, pero no lo saben hacer bien. Nadie les cree. Me cae que nunca serán como Bono, él sí sabe cómo cambiar al mundo, ya ves, hasta el Nobel de la Paz le andan dando”. Inocencio ya habla solo, el trompetista se aburrió de su perorata y se entretiene con las piernas de una mesera.
“Ni hablar, quisiera tener la lana de Saúl, Fher o hasta de Juanes y Shakira para hacer mi concierto por la Paz sin fronteras. Eso de ser rockstar sí deja, uno habla y siempre lo escuchan, uno sí puede cambiar al mundo.”
La noche ya terminó, la gente quiere otra pero “nel, estoy muy cansado, esas ni me las sé, vengan el miércoles”. Guarda su guitarra Squire roja de maltratadísima madera; el domingo ya viene, hay que ensayar, se dice mientras piensa en una nueva canción contra el calentamiento global.