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| lunes, 08 de septiembre de 2008 | |||||
...y las bandas tocaronPor Chico Migraña
Así narra Saxon en su tema “...And the bands played on” la experiencia de presentarse en un festival. Hoy por hoy en el mundo del metal, Wacken es la Meca y así lo dejan claro prácticamente todos los que han tocado en sus escenarios. Pero un festival al aire libre de ese tamaño tiene mucho más que ofrecer que sólo rock. Cuando uno llega al campamento y lo primero que se encuentra es una escena de sexo oral a plena luz del día, con la tímida cubierta que puede ofrecer una tienda de campaña abierta de par en par, el futuro inmediato (los tres días que dura el concierto) es prometedor.
Podríamos debatir horas si el ganador del festival (aunque no es concurso, por supuesto) fue Iron Maiden o Carcass o At The Gates o Nightwish o Kreator. Para mí fue Exodus. ¿Cómo olvidar a Rob Dukes? Lleno de tatuajes, con figura rechoncha, tatuajes de hombro a muñeca en ambos brazos y unas ridículas bermudas de barras y estrellas el cantante de la banda californiana preguntó: “Wacken, ¿están listos para matar? ¿Están listos para matarse unos a otros?”. Lo que siguió fue sobrecogedor, y al explicarlo no espero que lo entienda alguien que nunca ha estado en un concierto de metal. Con las manos hizo una seña para que la gente se separar en dos bandos. Fácilmente un millar por lado hicieron caso. Era inevitable, es legendario y puede ser peligroso: el Wall of Death es un acto de entrega violenta que puede costarle algún doloroso golpe a más de uno. “Listos? ¡Mátense!” Cuando mil personas chocan de frente contra otras tantas el sonido queda grabado para siempre. Las pantallas gigantes recogieron el apocalíptico momento y la cara de Dukes era de asombro y éxtasis total. Sí, parece irracionalidad estúpida pero no lo es, cualquiera que estuvo ahí dentro lo hizo en plena conciencia y a sabiendas de que sería una experiencia imborrable. Pero un concierto es algo que se puede vivir cada fin de semana. Una convivencia como la de Wacken, no.
En esa Wall of Death sobresalía una bandera mexicana. Este año fueron muchos los connacionales que alegraron la diversidad cultural que se ofrece en el concierto. En la zona llamada V.I.P los músicos conviven con la gente de prensa e invitados. Se pudo ver a un simpatiquísimo Nibbs Carter (Saxon) bebiendo toda la tarde, hasta que ya de noche se reía solo. Luego de interminables rondas de Franziskaner y Becks, Trevor Peres y Ralph Santolla de Obituary apenas podían hilar una palabra sin carcajearse, mientras trataban de expresarle a Jeff Walker de Carcass lo impresionante que fue su presentación. Gaahl y Nick Barker (Gorgoroth) se paseaban entre la gente mientras Kam Lee (Massacre) se dejaba tomar fotos por decenas de fans. Doro Pesch, que no tocó pero ofreció una conferencia de prensa abrazaba a Sabina Classen mientras un grupo de cinco mujeres se paseaba con tan poca ropa que parecía concurso de miniaturas.
Los tres miembros de Grave bebían y chocaban vasos con cuanto personaje los saludaba, Udo Dirkschneider con su pequeño cuerpo y cara rígida repartía amables agradecimientos a todos los que lo reconocían y lo saludaban con gritos y señales de cuernos. En fin, la llamada área de backstage es una fiesta en sí misma.
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