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lunes, 01 de diciembre de 2008 |
A casi 10 ediciones del Vive Latino

En 1998, OCESA, empresa líder de entretenimiento en Latinoamérica, tuvo la idea de reunir a varios grupos de rock en español que por sí mismos no tenían suficiente convocatoria, pero que juntos podrían conformar un cartel atractivo.
Ese esfuerzo y su posterior planeación cristalizaron en el primer Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, que tuvo lugar en noviembre de 1998. A lo largo de un fin de semana, 27 bandas de rock en español comenzaron a escribir el principio de esta historia: Ángeles del Infierno, Illia Kuryaki, La Barranca, Kenny y los Eléctricos, Juan Perro y Aterciopelados, entre otros, lograron que artísticamente esa primera edición fuera todo un éxito: los involucrados en el mundo del rock en español se convencieron de que esta fiesta debía continuar y organizarse anualmente.
Aunque luego de ese primer ejercicio los organizadores pensaron en hacer una pausa y analizar cuidadosamente la siguiente edición del Vive, las bandas, los medios y el público insistieron en su continuidad. De esta forma, el staff de OCESA decidió reactivarlo en 2000. Por eso, un fin de semana de noviembre del naciente siglo, la explosión del festival no sólo sacudió al Foro Sol y sus alrededores, sino que los ecos de este movimiento telúrico generaron conmoción en la escena del rock en español. El formato que le dio vida no cambió, aunque en esta ocasión, al lado de los exponentes latinoamericanos aparecieron grupos anglosajones como Fishbone o The Wailers, ya fuera porque contaban con algún nexo con lo latino, por sus peculiaridades sonoras o porque en sus filas había músicos con dicha ascendencia, como fue el caso de Tito & Tarántula.

Desde su primera edición, el Vive Latino se celebra en el Foro Sol con sus ya tradicionales escenarios azul, rojo y verde. Durante todos estos años, una de las ideas de los organizadores era que el festival abriera los sentidos de los espectadores, que la música fuera el vehículo que, después, les permitiera transitar por otras expresiones artísticas como el performance o el teatro. Siendo un festival mundano y de aires netamente callejeros, el Vive Latino hizo del Tianguis Cultural del Chopo uno de sus principales aliados. Por eso, los días que tiene lugar el festival son los únicos en los cuales una parte del Chopo sale de sus instalaciones de la calle de Aldama para encontrar cobijo en el Foro Sol.

De 2001 a 2005 el festival se realizó únicamente durante un día, con excepción de 2002 cuando no se llevó a cabo. Durante estos años, el número de grupos se mantuvo en un promedio de 25, siempre con la idea de estar abiertos a todo tipo de manifestación rockera. En cada una de sus ediciones la asistencia se incrementó y desfilaron bandas y solistas como Café Tacuva, Cartel de Santa, Kinky, Molotov, Babasónicos, Haragán y Cía., Los Amantes de Lola, Bersuit, Antidoping, Catupecu Machu, Julieta Venegas, Ely Guerra, Jaime López y su Odio Funky y Botellita de Jerez. Como representantes anglosajones, pero siempre con un nexo con lo latino, estuvieron Save Ferris (2001), The Mars Volta (2004), Desmond Decker, Skatalites (2005) y Brujería (2006). En 2001 y 2003, a los tres escenarios mencionados se agregó la Carpa Electrónica. A partir de 2006 se regresó a la fórmula original de dos días y se alcanzó la cifra récord de 125 mil asistentes –misma que en 2007 se mantuvo, simplemente porque ese es el cupo máximo del foro Sol— que escucharon desde surf y ska, hasta hip hop, electrónica y rock urbano. Este 2008, el festival dio otra muestra de su nivel de convocatoria e innovación, pues su cartel ofreció a grupos noveles que están revitalizando la escena en México y el extranjero.
Antes del Vive Latino la historia del rock en México registraba la realización de festivales diversos, pero ninguno de ellos logró continuidad. La necesidad de contar con un festival consolidado en la ciudad más grande del mundo era una demanda a voces, pero había que darle credibilidad, convencer a los escépticos de que lo más importante no es la taquilla, sino el cartel. Había que sostener calidad, producción, logística, atención a medios y aguantar un par de años para consolidarlo. Hoy, a punto de cumplir diez ediciones en las que sobre su escenario han sonado las primeras notas de un nuevo rock latino, este festival es conocido no sólo en México, sino en toda Iberoamérica. Se ha convertido, por derecho propio, en el punto de referencia para quienes quieren escuchar en vivo a los exponentes más importantes de las escenas musicales que emergen y de las que dejaron huella. Para quienes saben que esta fiesta captura el espíritu de una colectividad que celebra lo latino en su estado más puro: un festival de rock.
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